De la química prebiótica al mundo del ARN
Dra. Irma A. Jiménez-Ramírez, Dr. Miguel A. Uc-Chuc y Dr. Enrique Castaño de la Serna.
Hace unos 4,500 millones de años, la Tierra era un lugar inhóspito muy distinto al planeta azul que hoy conocemos. La atmósfera primitiva carecía prácticamente de oxígeno, pero contenía gases tóxicos (para nosotros) como el metano (CH4), el dióxido de carbono (CO₂) y el amoníaco (NH3), los cuales eran expulsados por la gran actividad volcánica que existía. Además, desde el cielo caían constantes meteoritos que golpeaban una superficie ardiente cubierta por océanos de magma. Este bombardeo no solo era constante, sino que incluía eventos catastróficos como el propuesto por la hipótesis del gran impacto, en el que un planeta joven conocido como Theia chocó con la Tierra primitiva, contribuyendo a la formación de la Luna. La Tierra lucía con un resplandor rojizo, muy distante del planeta azul que hoy conocemos. En este caos inicial de nuestro planeta, comenzó una de las historias más impresionantes del universo: el nacimiento de las moléculas que serían la base de la vida tal como la conocemos (Figura 1, ver PDF).
Durante los primeros millones de años de la Tierra, el planeta albergaba una compleja mezcla de compuestos químicos impulsada por volcanes activos, tormentas eléctricas y océanos que apenas comenzaban a enfriarse. La energía proveniente de descargas eléctricas, radiación ultravioleta (UV) solar y actividad geológica[1] pudo favorecer reacciones químicas capaces de producir moléculas orgánicas cada vez más complejas. Además de los procesos químicos terrestres, algunos científicos proponen que meteoritos y cometas pudieron aportar moléculas orgánicas esenciales a la Tierra primitiva. Diversos estudios han encontrado aminoácidos y precursores químicos en meteoritos, lo que sugiere que parte de los ingredientes necesarios para la vida pudo haberse formado incluso antes de la existencia de nuestro planeta.
A pesar de décadas de investigación, el origen exacto de las primeras moléculas relacionadas con la vida sigue siendo motivo de debate. Existen diversas hipótesis sobre los ambientes donde pudieron surgir estas moléculas. Algunas hipótesis señalan a las chimeneas hidrotermales en el fondo oceánico, donde el calor, los minerales y ciertas condiciones químicas habrían favorecido reacciones químicas complejas. Otras teorías sugieren lagunas volcánicas superficiales, charcos sometidos a ciclos de evaporación o incluso ambientes ricos en hielo capaces de concentrar moléculas orgánicas. En cualquiera de estos escenarios, unidades de azúcares, fósforo y nitrógeno pudieron combinarse gradualmente para formar pequeños bloques químicos conocidos como nucleótidos, los cuales constituyen los componentes básicos del ácido desoxirribonucleico (ADN)[2] y el ácido ribonucleico (ARN)[3]. Sin embargo, la formación espontánea de estos nucleótidos y su posterior ensamblaje en moléculas más largas representan uno de los mayores desafíos para las teorías sobre el origen de la vida. Comprender cómo estas moléculas lograron organizarse constituye una de las preguntas centrales de la biología moderna.
Una de las hipótesis más influyentes para explicar este proceso es la denominada “hipótesis del mundo del ARN”. Esta propuesta indica que, antes de la aparición del ADN y de las proteínas[4], pudo haber existido una etapa en la que el ARN desempeñó ambas funciones. La importancia de esta hipótesis radica en que el ARN posee una característica extraordinaria: puede almacenar información genética en la secuencia de sus nucleótidos y, al mismo tiempo, adoptar estructuras tridimensionales capaces de favorecer reacciones químicas, una propiedad conocida como catálisis[5]. Las moléculas de ARN con actividad catalítica reciben el nombre de ribozimas y representan una de las razones principales por las que esta hipótesis ha ganado relevancia científica. El descubrimiento de las ribozimas durante la década de 1980 transformó la investigación sobre el origen de la vida al demostrar que el ARN podía desempeñar funciones catalíticas además de transportar información genética. Hasta entonces se pensaba que únicamente las proteínas podían actuar como catalizadores biológicos. Este hallazgo demostró que una sola molécula podía desempeñar funciones de información y catálisis, proporcionando una posible solución a uno de los problemas fundamentales del origen de la vida. Sin embargo, los investigadores aún debaten si el ARN fue realmente la primera molécula capaz de almacenar información y participar en reacciones químicas.
La hipótesis del mundo del ARN también enfrenta dificultades importantes. El ARN es una molécula compleja y relativamente inestable, por lo que muchos investigadores se preguntan cómo pudo surgir de manera espontánea en la Tierra primitiva. Esta pregunta ha dado lugar a la idea de un posible “mundo del pre-ARN”. Según esta propuesta, antes del ARN pudieron existir otras moléculas capaces de almacenar información y participar en procesos de replicación rudimentarios. Sin embargo, cabe destacar que todavía no se ha identificado cuál podría haber sido esa molécula central.
Otro de los grandes desafíos consiste en comprender cómo surgieron estructuras capaces de aislar y proteger estas moléculas del ambiente externo. Algunas hipótesis sugieren que ciertos lípidos pudieron agruparse espontáneamente, formando pequeñas vesículas primitivas, conocidas como protocélulas; es decir, células primitivas que habrían contado con compartimentos donde distintas moléculas químicas podían concentrarse e interactuar con mayor facilidad. Se considera que estas estructuras funcionaban como un tipo de cápsulas protectoras que servían como refugio para el ARN, donde podría permanecer estable. Aunque las protocélulas aún estaban lejos de ser organismos vivos, representan un paso importante en la transición entre la química prebiótica[6] y las primeras formas de vida.
La forma en la que ocurrió la replicación temprana del ARN continúa siendo uno de los problemas más complejos del estudio del origen de la vida. Algunos investigadores han propuesto que ciertas ribozimas primitivas pudieron participar en procesos parciales de copia. Sin embargo, hasta ahora no se ha demostrado la existencia de una molécula de ARN completamente autorreplicable. A lo largo de millones de años, algunas variantes moleculares pudieron persistir con mayor éxito que otras. Este proceso, conocido como selección química, habría favorecido a las estructuras más estables y eficientes, anticipando y representando procesos químicos que posteriormente serían fundamentales para la evolución biológica[7]. La transición de simples reacciones químicas a sistemas capaces de almacenar información, reproducirse y evolucionar debió ocurrir de forma gradual durante cientos de millones de años.
Aunque todavía no existe una respuesta definitiva sobre cómo comenzó la vida, las investigaciones actuales permiten reconstruir posibles escenarios sobre aquel pasado remoto. La química prebiótica, la formación de moléculas orgánicas, la posible existencia de un mundo de ARN y el surgimiento de protocélulas representan algunas de las piezas fundamentales de este rompecabezas científico. En cierto modo, cada célula moderna conserva vestigios de esa historia. El ARN continúa desempeñando funciones esenciales en todos los organismos, recordándonos que quizás una de las etapas más antiguas de la evolución permanece todavía presente en nuestro interior. Comprender cómo la materia inerte dio origen a sistemas capaces de evolucionar no solo permite explicar nuestros orígenes, sino también acercarnos a una de las preguntas más profundas de la ciencia: cómo surgió la vida en el universo.
[1] Procesos del planeta, como erupciones, terremotos y la formación de montañas, impulsados por el calor de su interior.
[2] Molécula que almacena el código genético con las instrucciones necesarias para construir y hacer funcionar a un ser vivo.
[3] La molécula encargada de leer las instrucciones del ADN y convertirlas en proteínas.
[4] Molécula formada por cadenas de aminoácidos que ejecuta las instrucciones genéticas para construir tejidos y hacer funcionar las células.
[5] Proceso por el cual se aumenta la velocidad de una reacción química.
[6] Las reacciones químicas que ocurrieron antes de que existiera la vida para crear sus primeras “piezas de construcción”.
[7] Proceso por el cual las especies cambian y se adaptan a lo largo del tiempo para sobrevivir en su entorno.
Para más información consulte:
Gilbert W. (1986) Origin of life: The RNA world. Nature. 319(6055), 618. https://doi.org/10.1038/319618a0
Lazcano A., Miller S.L. (1996) The origin and early evolution of life: Prebiotic chemistry, the pre-RNA world, and time. Cell. 85(6), 793–798. https://doi.org/10.1016/S0092-8674(00)81263-5
Oparin A.I. (1955). The origin of life. Foreign Languages Publishing House. https://archive.org/details/oparin-the-origin-of-life/page/4/mode/2up (fecha de acceso: 26 de mayo de 2026).
Dra. Irma A. Jiménez-Ramírez, y Dr. Enrique Castaño de la Serna I Unidad de Biología
Integrativa, Centro de Investigación Científica de Yucatán, A.C.
Dr. Miguel A. Uc-Chuc I Laboratorio de Biología Celular, Centro de Investigaciones
Regionales “Dr. Hideyo Noguchi”, Universidad Autónoma de Yucatán.
Citar este artículo como:
Jiménez-Ramírez I.A., Uc-Chuc M.A., Castaño de la Serna E. (2026). De la química prebiótica al mundo del ARN. Ciencia Cakotanú. 7(S1), x-x. También disponible en: https://www.cienciacakotanu.com/contenido/artículos/v7s1-2026/de-la-química-prebiótica-al-mundo-del-ARN