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Los polímeros: ¿Héroes de la salud o agentes de contaminación?
Dr. José Juan Cedillo Portillo y Dr. Jesús Guillermo Soriano Moro.
Desde el desarrollo de la baquelita hasta su uso en equipos médicos, los polímeros sintéticos revolucionaron la vida moderna por su ligereza y bajo costo. Sin embargo, la acumulación de residuos plásticos exige una gestión responsable en su producción, consumo y disposición final, equilibrando este impacto ambiental con su papel esencial en la salud y la sostenibilidad.
La invención de los polímeros sintéticos, es decir, materiales que resultan de la combinación de compuestos individuales, se remonta al descubrimiento de la baquelita en 1907, la primera sustancia plástica que se creó. Esto representó un avance fundamental para la civilización como la conocemos hoy en día. Los polímeros, comúnmente conocidos como “plásticos”, han transformado radicalmente la sociedad debido a sus propiedades únicas como la maleabilidad, la durabilidad, el aislamiento térmico y, especialmente, por su ligereza y bajo costo. Estas cualidades los convirtieron rápidamente en materiales indispensables en la vida moderna, llevando a la sustitución de materiales naturales en innumerables productos.
A pesar de ser herramientas importantes en el desarrollo moderno, los polímeros son señalados como uno de los principales contaminantes ambientales a nivel global. Se estima que en la actualidad alrededor de 12.7 millones de toneladas de plástico fluyen hacia nuestros océanos; sin embargo, el problema ambiental no es inherente a la naturaleza del material, sino consecuencia de una gestión inadecuada de los residuos y del consumo excesivo de la población mundial. La falta de infraestructura y las prácticas irresponsables han convertido a los ríos en vías de transporte de residuos y a los océanos en su depósito mundial. El empleo indiscriminado de plásticos de un solo uso, como bolsas y botellas, es un factor crítico para el medioambiente. Se calcula que el 92% de los desechos en los fondos oceánicos pertenecen a estos materiales. Con el tiempo, su degradación genera partículas diminutas: los microplásticos (menores a 5 mm, más pequeños que un grano de arroz) y los nanoplásticos (menores a 1 µm, más pequeños que el grosor de un cabello humano). Estos fragmentos se filtran en el suelo, contaminan el agua y se incorporan a la red trófica[1], consolidando un problema global que no conoce fronteras.
A pesar de la problemática ambiental, el rol de los polímeros en el sector salud y en la lucha contra las crisis globales ha demostrado ser insustituible. Los polímeros son esenciales en diversas aplicaciones médicas como las prótesis, implantes, elementos de sujeción, órganos artificiales y, sobre todo, en equipamiento médico de protección, lo cual ha contribuido a que los procedimientos sean más rápidos y menos dolorosos.
En la pasada pandemia del coronavirus (COVID-19) quedó en evidencia la dependencia crítica de la sociedad hacia estos materiales para salvar vidas. Uno de los productos más buscados fueron las mascarillas faciales, fabricadas a partir de polímeros. Generalmente, este tipo de productos están fabricados con varias capas de polipropileno (PP), valoradas por ser repelentes al agua (hidrofóbicas) y adecuadas para el contacto con la piel. Estos dispositivos jugaron un papel vital en la prevención de contagios, al impedir el contacto directo con la nariz o la boca y al reducir la dispersión de gotículas respiratorias.
Por otro lado, los polímeros son clave en la lucha contra el cambio climático. Su ligereza disminuye el peso de vehículos (aviones, trenes y autos), lo que se traduce en un menor consumo de combustible y en la reducción de emisiones. Además, son cruciales en la producción de energías alternativas, por ejemplo, en las palas de las turbinas eólicas de estaciones de generación de electricidad.
Todo lo anterior nos lleva a pensar y reconocer que la solución no es la prohibición, sino la responsabilidad en su uso. La solución a la contaminación no está en el material en sí, sino en abandonar modelos de consumo irresponsables e implementar sistemas de reciclaje selectivo en todos los sectores donde se involucre este tipo de material.
La ciencia y la industria deben seguir investigando el impacto ambiental de los polímeros, pero, sobre todo, deben impulsar el desarrollo de alternativas sostenibles para ayudar a mitigar la problemática de la contaminación ambiental. De igual forma, la sociedad y el gobierno deben asumir su responsabilidad en la disposición final de este tipo de materiales indispensables para la vida moderna.
[1] Conjunto de múltiples cadenas alimentarias interconectadas que representan cómo fluye la energía y los nutrientes entre los seres vivos de un ecosistema.
Para más información consulte:
Czigany T., Ronkay F. (2020). The coronavirus and plastics. Express Polym. Lett. 14(6), 510–511. https://doi.org/10.3144/expresspolymlett.2020.41
Gadhave R.V., Vineeth S.K., Gadekar P.T. (2020). Polymers and polymeric materials in COVID-19 Pandemic: A review. OJPChem. 10(03), 66–75. https://doi.org/10.4236/ojpchem.2020.103004
Olive C.F., Giglio A., Ferre A., Bernardita S.M. (2025). La paradoja del plástico en la salud: Herramienta vital, contaminante letal. SciComm Report. 5(1), 1–12. https://doi.org/10.32457/scr.v5i1.2836
Dr. José Juan Cedillo Portillo y Dr. Jesús Guillermo Soriano Moro I Centro de Química-ICUAP, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Puebla, México.
Fecha de publicación en línea: 29 de septiembre, 2026.
Citar este artículo como:
Cedillo P.J.J., Soriano M.J.G. (2026). Los polímeros: ¿Héroes de la salud o agentes de contaminación? Ciencia Cakotanú. 7(3), x-x. También disponible en: https://www.cienciacakotanu.com/contenido/artículos/v7n3-2026/los-polímeros-héroes-de-la-salud-o-agentes-de-contaminación